Cada 14 de noviembre, el mundo se une para crear conciencia sobre la diabetes, una de las enfermedades crónicas con mayor impacto en la salud global. Más allá de las cifras, este día nos recuerda algo esencial: detrás de cada diagnóstico hay una historia, una familia y una vida que merece cuidado, acompañamiento y prevención.
La diabetes no solo se trata de niveles de glucosa; también involucra hábitos, estrés, alimentación, estilos de vida y acceso a información confiable. Por eso, esta fecha es una invitación a detenernos un momento y pensar en cómo podemos cuidar más de nosotros mismos y de quienes nos rodean.
Pequeñas acciones —como mantenerse activo, realizar chequeos médicos, elegir alimentos más saludables o hablar abiertamente sobre los síntomas— pueden hacer una diferencia enorme.
Hoy también reconocemos a todas las personas que viven con diabetes y a quienes les acompañan diariamente. Su disciplina, constancia y fuerza suelen pasar desapercibidas, pero son un ejemplo real de resiliencia.
El Día Mundial de la Diabetes no es solo una efeméride; es un recordatorio de que la salud es un compromiso diario y compartido. Informarnos, prevenir y actuar a tiempo puede salvar vidas.